Caída

Mi hice daño. Trabajar en la altura tiene sus riesgos, eso ya lo sabía. Pero el dolor no vino tanto del golpe cruel y tremendo, sino de la humillación de desplomarse ante todos.  Puedes hacerlo siempre bien, entregándote en cuerpo y alma a tu trabajo y un buen día un leve fallo, una pequeña imprecisión y acabas en el suelo. Una vez más, como en el patio del colegio, rodeado entonces de las burlas de aquellos mismos que me habían hecho caer. No sé si esto tendrá la consideración de accidente laboral. Para mi es mucho más. Es descubrir que la salida del laberinto no es más que la entrada al laberinto mismo. Verte de pronto en el lugar que siempre has evitado porque la realidad es donde irremediablemente se acaba cuando pretendes escapar de ella.  Y la realidad es el suelo. Toda mi vida ha sido querer huir de él. Encarnarme en una divinidad inventada sólo para subirme entre brillos a unas plataformas más allá de lo prudente y desde lo alto ver el mundo como lo ve una diosa.  Y esta noche la diosa se ha caído de su gloria por culpa de unos taconazos imposibles.

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