COMO ESTO ES UN BLOG, LO QUE VOY AÑADIENDO SE VA ORDENANDO CRONOLÓGICAMENTE. NO OBSTANTE, EN LA PARTE SUPERIOR LAS ENTRADAS ESTÁN AGRUPADAS POR ETIQUETAS SEGÚN SEAN MICRORRELATOS, RELATOS BREVES, RELATOS...SÓLO HAY QUE PINCHAR... 

  Otra cosa (y perdonad si os parece una obviedad), al llegar al final de la página, para seguir leyendo hay que pulsar "Older Posts"


    Se agradecen los comentarios.



Desubicado


Suculentas, Macetas De Terracota
El próximo favor se lo pido a Santa Rita. Le dejé a mi amigo Miguel las llaves de casa para que me regara las macetas durante mi ausencia. Al regresar se había instalado allí e insistía en que aquel era su domicilio, advirtiéndome que si no dejaba de molestarle tendría que llamar a la policía. Ahora su mujer, que ha conseguido localizarme en el hotel donde me alojo, ha venido a pedirme explicaciones y a ver qué les dice a los niños, que no paran de preguntar por mí.


(Relato finalista mensual de mayo 2020 de la XIII edición de Relatos en Cadena de la Cadena Ser)

Foto Pixabay

Flor

En un lugar tan secreto como su caja de lápices escondió una flor y aquella mañana, cuando los aviones oscurecieron el cielo y todos buscaron refugio en el sótano del colegio, la apretó contra su pecho mientras los congregados, atentos al director del coro, trataban de ahuyentar el miedo entonando canciones que no lograron acallar el impacto letal de las bombas.
         Años después, la niña que siempre le esperaba en el mismo banco, conservaba la flor que, protegida por aquel estuche, alguien rescató de los escombros. Reliquia entre las páginas de un libro, triunfante sobre la guerra y sobre tiempo, todavía estaba allí.


Publicado en estanochetecuento.com

Foto Pixabay.com

Fantasma

En un lugar al sur, entre casas encaladas, las sábanas de las azoteas ondean como banderas horizontales agitadas por el viento de levante. Atrapando con su blancura la luz generosa y sabiendo que en la claridad del día nos reímos de aquello que por las noches nos hace temblar, el fantasma de las madrugadas finge no ser más que uno de tantos lienzos tendidos a secar al sol. Así espera las horas oscuras. Pero hoy, faltando a su cita con los insomnes, se abandona a la brisa nocturna que lo mece y soñando ser espejo de luna y no espanto, todavía estaba allí.

Publicado en estanochetecuento.com

(Foto Freepik.es)

Felina y fatal

Ella era felina y tenía algo de fatal. Sus uñas largas, casi afiladas, sus ojos de tigresa y esas escapadas nocturnas con andar almohadillado sobre tacones de aguja sin arrancarle al pavimento el más leve sonido de pasos, la emparentaban con todos los gatos con los que compartía su vida. Podría decirse que coleccionaba esas criaturas como coleccionaba amantes, aunque sólo a los primeros retenía junto a ella. Los hombres eran sólo de paso y aunque fueron muchos los que se dejaron seducir por su pregunta sin respuesta, ninguno, que se supiera, repitió una noche de pasión con ella, solitaria y misteriosa, de deseo feroz pero incapaz de amar. “Síndrome de Noé”, denunciaron los vecinos molestos por la cantidad de animales que acumulaba en su casa. Pertinaces, consiguieron por fin que los servicios sociales intervinieran por orden judicial. Sus gatos fueron trasladados al albergue en el que murieron al poco tiempo por inanición. Acostumbrados a la carne humana, rehusaron comer cualquier otra cosa.

Un relato con un máximo de 200 palabras inspirado en "Los coleccionistas", escrito y publicado en estanochetecuento.com


Intemperie

En libertad. Siempre había querido sentirse así. Vivir en la calle, dormir en cualquier lugar que le proporcionara refugio, permanecer en un continuo presente sin más propósito que conseguir lo esencial para seguir siendo. Pero hoy, al despertar, todo parecía distinto. La ciudad, su territorio, se había replegado sobre sí misma y los lugares de tránsito estaban llenos de vacío y silencio. Los habitantes, confinados en sus casas, sólo eran rostros asomados con miedo, a ventanas y terrazas, juntos en un paisaje de viñetas inconexas. Y por primera vez se sintió prisionero en su intemperie y comprendió que el aire libre se había convertido ahora en un espacio triste y cerrado.

Escrito para estanochetecuento.com, en tiempo de confinamiento.
Foto: pixabay

Vecinos


En el descansillo de su escalera trataba cada día de coincidir con Don Marcelo. Carente de otra ilusión, sólo por él sentía ganas de vivir y encontraba motivo para ir a la peluquería o limpiar su casa. No perdía la esperanza de que alguna mañana, al volver del paseo, él le regalara una sonrisa y ella, agradecida, le invitara a pasar para compartir ese café que siempre le tenía preparado y que nunca se llegó a tomar. Ni siquiera supo que cuando hubo que donar su ropa, apareció en el abrigo de Don Marcelo una carta manuscrita, llena de tiernas palabras que, presas de indecisión, quedaron marchitas en aquel sobre cerrado. 

Publicado en estanochetecuento.com
Foto: pixabay

Tierra adentro

Acude cada día a ver amanecer en el puerto pesquero. Dice la gente del pueblo que desde que su él la dejó tan sola, se la puede ver al alba esperando, con la mirada perdida en el horizonte, su imposible regreso. Atrapada en la añoranza de un tiempo feliz, parece ignorar que el mar nunca le devolverá al hombre que otra mujer arrebató de su orilla. Traidores, quisieron escapar tierra adentro y tierra adentro encontraron el lugar que merecían y que solo ella conoce. No muy lejos de la playa, a metro y medio de profundidad.

Escrito originariamente para estanochetecuento.com y reeditado.

(Foto Pixabay)

El don de la belleza


El cielo le otorgó el privilegio de la alcurnia, pero le negó por completo el don de la belleza. Criada con atenciones de hija única, sus padres la protegieron de la burla de otras niñas dándole una educación solitaria con los profesores más notables. Desarrolló así un espíritu sensible unido a un gusto exquisito por el arte y cuando heredó fortuna y títulos, tuvo el capricho de ser plasmada con la hermosura de la que carecía, por un pintor de talento que se ganaba a duras penas la vida en el bulevar de los bohemios.

          En los días de posado, el trato entre ambos se fue haciendo afable y mientras ella compartía confidencias, él transformaba con hábil pincelada un cabello sin gracia, en ondulada melena, unos ojos hundidos y mínimos, en luminosa mirada y hasta una tez cetrina de pómulos marcados, en tersas mejillas de porcelana fina.
          Cuando el retrato estuvo acabado, la dama deslumbrada lloró ante él la amarga soledad de sus noches mientras el artista, que había salvado la verdad de aquel rosto en otro lienzo pintado en la intimidad de su buhardilla, lloraba su impotencia de pobre diablo que nunca podría aspirar al amor de la marquesa.

Un relato con un máximo de 200 palabras inspirado en "LA BELLEZA" escrito y publicado en estanochetecuento.com

Rezos

Cada vez que nuestro padre marchaba camino del puerto pesquero, presto a hacerse a la mar, mamá se quedaba rezando en su retablillo doméstico con todas las velas encendidas. Mi hermano y yo no entendíamos como llevándose tan mal como se llevaban y después de decirse las cosas que se decían, ella mostrara tanta preocupación cada vez que él se embarcaba. Sin embargo, cuando aquella tormenta nos dejó la certeza de que papá ya no volvería, la escuchamos, más contenta que nunca, dar las gracias por haber sido atendida, a todos los santos de su devoción.

Escrito para estanochetecuento.com

Fronteras


Hay fronteras que se alzan en menos de lo que tardas en recorrer cinco estaciones. Cuando llegué a mi destino, una multitud enardecida proclamaba consignas de una patria inventada. Habían declarado aquel territorio de límites inciertos, república independiente del resto del mundo. Yo, de pronto extranjero en el barrio en que nací y en el que siempre vivieron mis padres, me vi forzado al desarraigo, e indefenso, tuve que subirme a otro metro que me llevara de regreso al país que siempre fue de todos, también de ellos, a esperar que volvieran tiempos de cordura.


(Relato distinguido con un accésit en el 5º Certamen de Microrrelatos "100 palabras en un Metro" organizado por el Metro de Málaga) 

Dátil



Otra vez la misma pesadilla. Voy subiendo las escaleras con el pedido de Doña Paulina. Cuando llego ante su puerta enorme de casa antigua, hago sonar la voz cascada del timbre. Ella me abre y pide que deposite mi carga en el suelo del comedor. La casa huele a naftalina y a orines de gato. A continuación, con sus manos de vieja que parecen hechas con la piel de un pollo, abre el cajón del aparador y saca un dátil y unos cuantos billetes que yo acepto sabiendo que su valor excede en mucho al importe del encargo. Sin pedirme permiso, introduce el dátil en mi boca que lo recibe con repugnancia y sumisión.  Mi saliva se hiela con el frío que sus dedos han dejado en el fruto ambarino y blando. Empiezo a masticarlo con lentitud y desgana. Su textura pastosa se desangra dulzona en mi lengua y llega a confundirse con la lengua invasora con la que ella juega a arrebatarme la semilla, entre pequeños desencajes de dentadura postiza. Es entonces cuando sobresaltado, despierto en una penumbra de persianas bajadas. A mi lado, su roncar satisfecho y en el aire, el olor de su aliento pegajoso y marrón. 


(Un relato con un máximo de 200 palabras inspirado en el color MARRÓN para estanochetecuento.com)

Este relato resultó "mencionado" por el jurado.

Foto Freepik.es

La escena del crimen

La escena del crimen siempre le produce una especial excitación. Una estancia revuelta, cajones abiertos, objetos esparcidos por el suelo. No falta la presunta arma homicida que aparece abandonada sobre la alfombra y por supuesto, ocupando un lugar preeminente, el cadáver, que yace ensangrentado en decúbito supino. Una composición fascinante para cualquiera que ame la criminología y una foto que podría formar parte de un sumario incoado por asesinato y sobreseído por la falta de un autor conocido. Un crimen perfecto.

El minucioso artista mira el reloj. Parece que se le ha pasado el tiempo volando. Su mujer está a punto de llegar. Tiene que darse prisa en recogerlo todo, poner cada cosa en su sitio, limpiar las manchas de sangre y desinflar al muerto para volver a guardarlo en el trastero.



Impostura



Cuando desperté del coma en el hospital, me encontré ante una deslumbrante desconocida que aseguraba ser mi esposa. Yo, con la cabeza vendada, indocumentado y sin nadie que me echara de menos ni tampoco nada que perder, decidí fingir amnesia y me dejé llevar. Al darme el alta, ella se hizo cargo de mí y me condujo en un espectacular descapotable hasta una casa fastuosa y llena de comodidades. Allí instalado, pude comprobar por las fotos que fui encontrando, que me parecía asombrosamente a su marido, así que acepté gustoso sus cuidados intentando corresponderlos en la medida de mis escasas posibilidades. No tardamos mucho en hacer el amor. Fue así como acabó descubriendo mi impostura, pero lejos de enfadarse conmigo, tuvo que admitir que había salido ganando, y mucho, con el cambio. Por eso, cuando a aquel tipo se le ocurrió reaparecer, no nos quedó otra. Ahora, yo soy él mientras que él, que carga con mi identidad, sirve de abono a los rododendros del jardín. 


(Foto: Pixabay)


De luz y de color


A pesar de que en su casa solían pasar estrecheces, se sentía la niña más presumida del arrabal. Soñaba con vestidos airosos, faldas de vuelo y lazos de color rosa, siempre rosa. Le encantaba Marisol, la joven estrella capaz de llenar una pantalla de luz y de color. Cuando daban alguna de sus películas en el cine del barrio, se las apañaba para colarse allí cada tarde si, como solía ocurrir, no tenía las diez pesetas que costaba la entrada. Quería ser como ella, bonita, salerosa y sobre todo, querida y admirada por la gente. Delante del espejo imitaba sus gestos y cantaba trocitos de sus canciones: “La vida es una tómbola, tom tom tómbola...”, “Ola ola ola, no vengas sola…” Mamá le reía la gracia y hasta a veces convertía en faralaes algún vestido viejo y le ayudaba a darse un toque de colorete y carmín. Rosa, siempre rosa. Sin embargo, delante de papá, dejaba de ser comprensiva y ni siquiera intervenía cuando él se quitaba el cinturón y descargaba su rabia de perdedor sobre aquel cuerpo indefenso, menudo y frágil, mientras sentenciaba que la peor deshonra para un padre es que un hijo le salga maricón.

(Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el color ROSA para estanochetecuento.com)



El niño más bonito de Occidente

Juan Rondeño, buhonero, viajaba por los pueblos en su viejo carromato. Una túnica amarilla bordada de dragones era su ropa de trabajo y se hacía llamar Chino Huang. Con su rostro de aceituna maquillado de azafrán y el contorno de los ojos alargados a pincel, ocultaba un pasado bandolero y distorsionando su acento andaluz, pregonaba maravillas traídas, decía, del oriente lejano.  Lo mismo un pai pai con frescos aires del Yangtsé, que las doradas hojas del té que devolvía esplendor de juventud o el curioso bisoñé de pelo tan natural que crecía en la cabeza del que lo llevara, cualquier cosa podía salir de su baúl. Y aunque convencido de que cargaba una maldición que le condenaba a la soledad, un buen día encontró su mirada con la de una moza trigueña fascinada por aquel exotismo ambulante y sin dudarlo, le regaló su anillo de falso topacio imperial. Juntos desde entonces, siguieron haciendo camino y a la segunda primavera, la vida les premió con el pequeño Huanguito, un niño especial, de pelo amarillo y rasgados ojitos orientales. Sin duda,para ellos, el niño más bonito de Occidente.

(Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el color AMARILLO para estanochetecuento.com)
Este relato resultó "mencionado" por el jurado.

Giros inesperados

La bañera se iba llenando de agua caliente y el cuarto de baño de un vapor que enturbiaba el espejo en el que había evitado mirarse. Resultaba paradójico que el día tan largamente esperado acabara siendo el mismo en el que su vida escapara en rojo por un triste sumidero. Ciertamente no era el mejor momento para que el timbre de la puerta sonara, pero ocurrió. Sabía que los guiones de nuestras vidas tienen giros inesperados. Uno la había obligado a cancelar, en apenas un par de días, la fiesta sorpresa que llevaba tanto tiempo preparando. Otro la situaba ante los de la pastelería que, rompiendo su momento dramático, se presentaban con una enorme tarta en forma de corazón y rotulada en chocolate con una frase que, dadas las circunstancias, resultaba una burla: “Felices bodas de plata”. Pagó una propina a los repartidores asumiendo su imperdonable olvido y ya sola frente al paisaje de crema, rompió en llanto o carcajada, ni ella misma lo supo, hasta que una lluvia interior la hizo correr escaleras arriba para cerrar el grifo y liberar el desagüe. Visto el estropicio, no tendría más remedio que llamar a los del seguro.

Relato finalista en el VIII concurso  de microrrelatos "El Roblón"

El piso de abajo





  Ya tengo los pies fríos. A través del suelo puedo sentir ese paisaje helado que se instala en el piso de abajo cuando él llega. Soy capaz entonces de escuchar, como si huyeran el uno del otro, pasos que van y vienen cada cual por su lado. No se hablan. Ponen la televisión. Cierran una puerta. Abren algún grifo. Ni una palabra que evidencie que existe una convivencia entre ambos. Yo intento concentrarme en mis libros hasta que den las nueve. A esa hora, como todos los días, me llamarán para que baje a cenar en familia.


(Relato finalista anual de la XII Edición de Relatos en Cadena de la Cadena Ser) 
Imagen de la escalera: Pixabay




Frustraciones


    Su marido, cuando vuelve de viaje, suele traerle alguna muñeca que ella finge recibir con agrado y acaba apilando sin orden junto a todas las ya acumuladas, en la habitación que reservaron para la niña que nunca tuvieron. Aunque evitan hablar de ello, está convencida de que con esos regalos él trata de compensarla por la hija tan deseada que no pudo darle. Las frustraciones a veces podemos intentar resolverlas con actos simbólicos. Lo había leído en las páginas divulgativas del diario al que está suscrita y con el que suele entretener parte de las muchas horas que pasa sola en casa mientras él, es su trabajo, viaja por Europa conduciendo un camión. Hoy, ese mismo diario ha publicado una noticia que le ha vuelto a entristecer. Otra niña, raptada mientras jugaba con sus amiguitas, había aparecido muerta, esta vez en un descampado de Estocolmo.

(Microrrelato publicado en "El Bic Naraja. Viernes Creativos" e inspirado en la foto de Elisa de Armas propuesta)


Ochocientos adioses

Pasó la vida surcando los azules caminos del mar. Cada vez que regresaba con el rostro curtido de salitre y sol, traía un reloj marcando la hora de algún puerto nuevo en el que había atracado. Coleccionaba así las horas del mundo como el viejo reloj del parque lleno de sueños de su Betanzos natal. Y a pesar de tantas latitudes, cada uno de aquellos mecanismos palpitaba en un único tic tac. Era, decía, el latir sincronizado de todas las enamoradas a las que, con la falsa promesa de volver, había despedido en algún lejano malecón. Casi ochocientos adioses antes de perderse en la soledad del horizonte sin conocer más amor que el de paso y sin saber, pobre ingenuo, que son las mujeres que ven salir a los barcos las que mejor saben olvidar. 


Relato ganador en la "IX Quedada Microrrelatista" Modalidad presencial. Galicia 2019. 
(Inspirado en una de las fotos de Betanzos propuesta. Reloj múltiple del Parque del Pasatiempo, que trata de reflejar 41 usos horarios en torno a la esfera central que marca la hora de Buenos Aires, ciudad a la que emigraron los hermanos García Naveira. Estos hermanos regresaron con una importante fortuna que invirtieron en beneficio de su Betanzos natal. El microrrelato está basado en la imagen, sin que en ningún momento se intente aludir a estos estos personajes reales).

Manchas

    Blanca ayudaba a su madre en la pequeña tienda encalada donde vestidas con impolutos mandiles, vendían la leche en el pueblo. En la misma calle, a pocos metros, Bruno se instaló con su negra carbonería y como la joven brotaba ya con hechuras de mujer, empezó a rondarla. Ella, encandilada, aceptó el galanteo con gran disgusto de su madre, que no veía con buenos ojos aquella relación, no sólo por la diferencia de edad, sino también por la incompatibilidad de medios de vida tan opuestos, el día y la noche, lo blanco y lo negro. Decidió por ello mandar a su hija a casa de unas tías solteras distante una jornada de tren desde la capital. “Irás a un buen colegio y podrás aspirar a un hombre que no sea analfabeto”. Así, la vida de Blanquita empezó a ser mucho más triste en su nuevo paisaje de brumas, y a pesar de todo, quiso perdonar a su madre, “es por tu bien”, la distancia impuesta y hasta el sometimiento amargo a la disciplina de sus tías, pero nunca le perdonaría el polvo de carbón que al poco tiempo empezó a manchar el blanco rayado de sus cartas.



(Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el color BLANCO para estanochetecuento.com)

Sin tonterías



    De toda la vida en este pueblo hemos bebido agua del pozo y lo vamos a seguir haciendo diga lo que diga el de Sanidad. Allí lo hemos tirado a él con todos sus papeles. No nos andamos con tonterías. Sólo faltaba que dejáramos de usar el agua precisamente ahora que todos estamos con diarrea.

(Relato finalista semanal de Relatos en Cadena de la Cadena Ser, semana del 13/5/19)
(Foto Pixabay)

Manolita Manila



Papá antes de irse a trabajar nos dejaba siempre la cena preparada y nos pedía que nos acostáramos temprano. Desde que murió mamá puso todo su empeño en multiplicarse por dos para que ninguna atención nos faltara. Era portero del cabaré en el que Manolita Manila se desgarraba el alma bailando cada noche. Esta artista única llegó a ser muy popular y era frecuente ver la ciudad empapelada de carteles con su nombre. De ella se decía que prefería bailar descalza, pero le ponía tanta pasión que hasta las copas se volcaban con el vibrar del suelo y la tarima quedaba manchada con la sangre de sus pies. Las mañanas de los domingos, que no teníamos colegio, papá nos llenaba la casa con las flores que el público arrojaba a la artista y sonreía entusiasmado contándonos cosas de ella. Pero todo cambió cuando el pobrecito se nos vino abajo por una enfermedad tan repentina como irreversible. Justo por las mismas fechas  Manolita desapareció de los escenarios sin que nadie supiera dar razón de su retirada, aunque rumores sin confirmar llegaron a situarla en la clausura de un convento. A nosotros sin embargo aquella coincidencia nos llenó de sospechas y empezamos a pensar que entre papá y Manolita había algo más que una relación asimétrica de admiración no correspondida. Por eso en cuanto nuestro padre murió, buscamos respuestas forzando la cerradura del baúl cuya llave siempre mantuvo celosamente escondida. Fue cuando encontramos aquellos vestidos llenos de color y vuelo, unas cuantas pelucas y un par de zapatos de tacón sin estrenar del número treinta y cinco. No vamos a negar que suspiramos aliviados. Papá siempre usó el cuarenta y dos. 



Publicado en "El Bic naranja: Viernes cretativos" a partir de la ilustración propuesta de Ina Hristova

Mi niña

El nombre de mi hermana está siempre en boca de todos. No solo es rubia, guapa y tiene unos hermosos ojos azules, además es aplicada y saca buenas notas. Todos la adoran. Por eso mi muñeca se llama como ella, porque se parecen mucho. Sin embargo, mi niña de juguete no es tan melindrosa ni se pasa el día quejándose de dolores a pesar de ser a ella a quien le clavo todos los alfileres.

(Relato finalista semanal de Relatos en Cadena de la Cadena Ser, semana del 8/4/19)
(Foto Pixabay)

Es videncia



   Salió de la consulta de la vidente creyendo a pies juntillas que muy pronto una mujer con algo verde irrumpiría en su vida y pondría fin a esa soledad que tanto le afligía. Impaciente se puso a buscarla en cuanto pisó la calle sin esperar que fuera el destino el que propiciara tal encuentro. La primera en aparecer, la de la bufanda verde, se cruzó con él sin ni siquiera mirarle. Descartó a la del abrigo verde porque le recordaba a su abuela. La del suéter, mejor no. La morena con tipazo podría tener el verde en los ojos, pero la vio alejarse en un taxi sin darle tiempo a comprobarlo. Convendría que hubiese ido más atento para darse cuenta de que cuando decidió atravesar la calle para llegar a la altura de la chica que corría con un chándal verde, el semáforo no estaba de ese color para él. Así habría evitado que un vehículo que marchaba a una velocidad excesiva se le viniera encima. El impacto fue tan brutal que salió despedido antes de caer roto sobre el asfalto. Nunca llegaría a saber que la conductora del coche rojo que le embistió iba vestida de azul.

(Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el color VERDE para estanochetecuento.com)

Universo paralelo

Existe un universo paralelo donde habita lo que pudo ser y no ha sido. Allí se dan cita aquellos que soñaron un día inolvidable en el que unirían sus vidas para siempre y que por extraños juegos del destino vieron frustrarse esa ilusión y se quedaron eternamente atrapados en el limbo de los sueños incumplidos. Vestidos para la ceremonia siguen esperando que llegue el momento imposible de convertirse en lo que nunca serán.

(Publicado en "El BiC naranja: viernes creativos").

Carne fresca


Recuerdo con cariño los guisos de mamá. A pesar de que la guerra acabó con el negocio familiar y los vencedores con nuestro padre, ella sola fue capaz de sacarnos adelante y nunca pasamos hambre. Todo gracias a aquellos tipos que se le acercaban dispuestos a aprovecharse del estado de necesidad de una joven viuda. Ella, que siempre fue astuta y decidida, aprendió a manejar hábilmente la situación y cada vez que quedaba con alguno, regresaba a casa con la cesta bien cargada de carne fresca. Siempre se le dio muy bien despiezar cerdos.

Reina de la noche

Era reina de la noche de los muelles y en la salada oscuridad del puerto se ofrecía a los hombres venidos del mar para llevarlos con ella a la azotea del edificio más gris y desconchado del barrio pesquero. Allí, entre sábanas tendidas, los dejaba navegar en sus carnes de pago mientras ella escapaba lejos surcando con la mirada el cómplice silencio de las estrellas. Dicen que escondía un secreto oscuro en el corazón y bajo la cama una palangana que usaba cada vez que despedía a un marinero y a la que nunca quiso cambiar el agua, dispuesta siempre a ahogar en ella al primer desaprensivo que tuviera la osadía de volver a hablarle de amor.


Relato escrito para "El Bic Naranja. Los Viernes Creativos" a partir de la ilustración de Camille Witt

Redención


Rojas eran las flores que las mujeres del pueblo bordaban en sus vestidos de fiesta y roja la sangre que al llegar la guerra empezó a manchar los campos que ya no querían seguir en flor. Fueron entonces aquellas mismas manos primorosas las destinadas a ocuparse de los uniformes con los que los hombres marcharían al frente. Ya no había risas ni coplas en las horas de costura, sólo rezos silenciosos al dios de los que no creen, para que las balas del enemigo no bordaran sus rosas de muerte en las camisas confeccionadas con tan abnegada labor. Y hubo una entre todas ellas, resignadas artesanas de la aguja, que quiso rebelarse contra su destino y tomar el fusil del bando que mejor reflejaba el color de su corazón. No supo que se alistaba con los llamados a ser vencidos y que sería su peor derrota no morir con la dignidad de tantos otros, sino acabar cosiendo la triste indumentaria de los represaliados, redimiendo así la pena merecida por haber enarbolado la bandera de la libertad.


(Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el color ROJO para estanochetecuento.com)


Orquídeas

Ordenó sin pestañear a su secretaria que se encargara de lo de siempre. Cada vez que por compromisos laborales tenía que llegar tarde a casa, o se veía obligado a no asistir a una comida familiar o a cancelar la cena de su aniversario o la del día de San Valentín, enviaba a su mujer, a modo de disculpa, una orquídea. Era, desde hacía demasiado tiempo, una rutina más. Hoy al llegar a casa, descubriría que ella había acabado prefiriendo al mensajero, aquel que tantas veces le llevó la flor.


Finalista en Relatos en Cadena de la Cadena Ser. Semana del 7 de enero de 2019.

Seres imposibles


Por la noche, cuando el laboratorio queda a oscuras y en silencio, emergemos de nuestra cuarta dimensión los seres imposibles y aunque procuramos pasearnos sin hacer ruido entre sus datos empíricos y sus certezas matemáticas, a veces no nos podemos contener y se nos escapa una sonora carcajada.

Malvenidos

      Para que luego digan que los monstruos somos nosotros. En el pueblo nos recibieron muy mal. Desde el primer momento sufrimos el rechazo. No solo se negaron a atendernos en el colmado o a servirnos en la cantina, ni siquiera admitieron a nuestros hijos en la escuela. Todo el esfuerzo que hicimos por integrarnos fue inútil, nos aislaron como apestados sin darnos la oportunidad de demostrar que no somos como ellos temen. Antes de marcharnos y sin renunciar por ello a empezar una nueva vida como ogros vegetarianos, nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar.

Microrrelato que pasa a la final mensual en Relatos en Cadena de la Cadena Ser. Noviembre 2018

La primera palabra

       Él pensaba que antes o después se cruzaría con la mujer de su vida y que la reconocería porque ya su futuro dejaría de tener sentido sin ella. Ella también estaba convencida de que el hombre de su vida estaba  aun por llegar.
    Aquella mañana sus miradas se encontraron. Él huía de su aburrimiento con un grupo de turistas japoneses, camino del museo. Ella paseaba su soledad por el parque añorando las rosas que de nadie recibía.
     Se supieron enseguida y acataron que a partir de ese momento no tendrían nada mejor que hacer que estar juntos. Y así van pasando los días, sentados en el mismo banco y haciendo como que no, mientras esperan que sea el otro el que se decida, por fin, a pronunciar la primera palabra.



Relato escrito para "El Bic Naranja. Los Viernes Creativos" a partir de la foto de Miss Beige.

Trances

Cuando la abuela se quedó viuda recurrió al espiritismo para seguir en contacto con nuestro difunto abuelo. Sin embargo, cada vez que entraba en trance y hablaban, acababan, como de costumbre, discutiendo. Un buen día, harta de tanta disputa y convencida de que jamás llegarían a entenderse, decidió romper definitivamente con él. Desconsolada, aprovechó su capacidad para comunicarse con el otro mundo y empezó a charlar con aquel pretendiente, que en paz descanse, rechazado por ella tiempo atrás. Desde entonces parece otra mujer, no escatima sonrisas, canturrea canciones por la casa y todos los miércoles reserva hora en la peluquería.


(Microrrelato finalista en el programa Wonderland de Radio Nacional de España)  (13/10/18)

http://blog.rtve.es/wonderland/2018/10/por-qu%C3%A9-la-infancia-da-tanto-juego-a-la-maldad-en-el-cine.html

El hijo del condenado



     Estoy deseando aprender a hablar para contarlo todo. Lo siento, mamá.






(Relato para "El Bic Naranja. Viernes Creativos" escrito a partir de la fotografía de Elisabeth Opalenik)



Castigo

          Se queda sin un beso de buenas noches mientras ve como en el camastro de al lado sus padres colman de arrumacos al hermano pequeño y lo arropan cariñosos. Y aunque conoce la respuesta, pregunta lastimero: 

             - ¿Por qué no me contáis a mí un cuento?

             - Porque estás castigado, Caín, por haber vuelto a pegar a tu hermano. 

Un encargo peculiar


Llevaba tanto tiempo sin clientes en mi despacho que ya casi ni aparecía por allí. Amenazado por los números rojos, tuve que aceptar el encargo más extraño que nadie me hiciera desde que empecé a ejercer como detective privado. Alguien me mandaba un sobre sin remite con unos cuantos billetes de veinte pavos a modo de provisión de fondos. Se trataba de vigilar al tipo de la foto adjunta en cuyo revés se habían reseñado unos datos de localización tan escasos como innecesarios, porque se trataba de mí mismo. Me lo tomé como un reto personal y me puse sin demora a la tarea. No fue difícil localizarme y empezar a seguirme discretamente, aunque cuanto más información iba recopilando sobre mi, menos entendía a quién podría interesar un tipo tan gris y mediocre cuya vida anodina no daría ni para un microrrelato. Fue, sin embargo, al descubrir que él y mi chica aprovechaban el tiempo que yo pasaba ausente para encontrarse en mi apartamento, cuando entendí quien estaba, en realidad, detrás de aquel peculiar encargo y tuve la certeza de que esta historia estaba irremediablemente abocada a tener un mal final.


(Foto Freepik)




Nuevas circunstancias




Dicen que hace muchos millones de años la tierra era esférica y hermosa como la cuenta de un collar de lapislázuli, pero que, de tanto dar vueltas, ha acabado volviéndose tan plana como hoy la conocemos. Sin embargo, para nosotros las cosas no han cambiado tanto. Los seres humanos simplemente nos hemos ido adaptando a esta evolución sin alterar en esencia la forma de organizarnos. Ahora que nuestro planeta tiene forma de moneda, los ricos nos hemos quedado solamente con la cara y a los pobres le dejamos todo lo demás.

(Relato para "El Bic Naranja. Viernes Creativos" escrito a partir de la fotografía propuesta)

Microorganismos

Microorganismos no identificados están acabando con esos libros que olvidados en la biblioteca ya nadie lee. Empezaron por Platón y Aristóteles, luego fueron a por Copérnico y Kepler y tras acabar con Descartes la han emprendido con Darwin. Mientras ellos siguen a lo suyo, la audiencia se concentra delante de los televisores atenta a una serie futurista en la que unos seres diminutos se vuelven racionales y asimilando el conocimiento humano acumulado a lo largo de los siglos, planean sigilosamente hacerse con el control del mundo. 

Anita

Mamá lo era todo para mí. Yo, sin embargo, desaparecí para ella la tarde en que Anita no supo nadar en el río. Con una obstinación ciega, mamá se empeñó en negar que mi hermana ya no volvería. Mantenía su cuarto como cuando estaba, con su ropa en el armario y sus muñecas sentadas con los bracitos abiertos esperando ternuras y custodiando la cama que mamá destapaba inútilmente cada noche para volver a cubrir al día siguiente con manos generosas en caricias.  Nunca faltaban prendas de Anita en la colada puesta a secar al sol, por eso, una mañana quise ser mi hermana y tomé del cordel uno de sus vestidos. Cuando me presenté ante mamá con él puesto, recibí un inmediato e inapelable “quítate eso” junto con el reproche de su dedo acusador y acto seguido, sin darme tiempo a obedecerla, rompió a llorar por primera vez con una amargura infinita y me abrazó haciéndome sentir que volvía a existir para ella. Fue entonces cuando empezó a asumir la muerte de Anita y quizás también el momento en que yo descubrí mi vocación por el transformismo.

(Un relato con menos de 200 palabras inspirado en la foto de Cristina García Rodero para estanochetecuento.com)


Insumisión


Tenemos un problema. La sombra de nuestra hija ha decidido independizarse de ella y ahora anda por ahí, a su libre albedrío, sin atenerse a normas ni a los sometimientos propios de su condición y de su edad. La niña está muy triste. No sólo se siente sola sino también rara y diferente y la echa mucho de menos. A nosotros además nos preocupa que tal insumisión sea un mal ejemplo para ella, por eso andamos como locos por esas calles mojadas de otoño, buscando a la sombra huida para recordarle que ella no puede andar por ahí a su aire, que debe respetar el orden de las cosas y sobre todo, para que, aunque sigamos siendo infelices cada cual a su manera, volvamos a ser una familia unida.


(Foto de Tom Waterhouse)

El escultor de las glorias


Dicen que las almas de los hombres más notables que un día amaron Sevilla solían aburrirse en su eternidad gloriosa y algunas noches de luna bajaban a perderse por las callejuelas de la ciudad que tanto añoraban. Allí se reencontraban con el olor a azahar y el rumor sereno de las fuentes y conocedores de que no existe un paraíso más sublime que la mismísima Sevilla, no querían renunciar a seguir presentes para los ojos mortales de los que allí latían. Por eso fueron a buscar al escultor de las glorias llamado Antonio Susilo y él, gran artista, generoso y entregado a su taller de prodigios, no pudo por menos que darles un cuerpo preciso y mineral para que, desde las balaustradas del Palacio de San Telmo, pudieran por siempre ser recordados como personajes ilustres que, cada cual a su manera, supieron darle su luz a la infinita luz de Sevilla.

Texto escrito para "Personajes de Sevilla"  dentro de la VIII Microquedada Relatista. Sevilla, Mayo 2018

Río


Los domingos le gustaba bajar paseando hasta aquel paraje y sentarse junto a la poza grande. Allí se descalzaba y recordaba con nostalgia aquellos tiempos en los que ella y los demás niños del pueblo venían a mojarse los pies en el río o incluso a nadar en él cuando apretaban los calores.  Aunque habían pasado los años, se resistía a renunciar a los gratos momentos de contacto con la naturaleza, por mucho que a veces el aire de poniente trajese ese olorcillo químico del humo de la fábrica. Gracias a que fue instalada allí, en el pueblo había trabajo y muchos jóvenes, como ella misma, no habían tenido que emigrar y podían seguir viniendo a reencontrarse con el río de su infancia, aunque ya en sus aguas envenenadas nadie pudiera bañarse.

Microrrelato publicado en estanochetecuento.com, escrito a partir de la fotografía de Benoit Courti

Utopía


También nosotros tuvimos una utopía. Lo digo desde esta cocina en la que preparo el guiso de hoy, mientras a la radio, vaya usted a saber por qué, le da por resucitar una vieja canción de nuestros tiempos de lucha. Con ella vuelven a levantar su vuelo octavillas escritas a ciclostil y se despliegan pancartas reclamando libertades. Y es entonces cuando entras tú como una bofetada de realidad, buscando la primera cerveza del día. Reparas, cosa rara, en mí y hasta me preguntas qué me pasa. Yo te contesto que nada. Que si acaso no ves que estoy picando cebolla.


(Microrrelato finalista en el programa Wonderland de Radio Nacional de España)  (2/6/18)

http://blog.rtve.es/wonderland/2018/06/los-%C3%A1rboles-no-nos-dejan-ver-el-bosque.html

La vida en sepia


Aquel fotógrafo de los viejos tiempos del sepia descubrió que tenía un singular poder. Un buen día, al revelar el retrato de comunión de la desgarbada hija de un notario, una pequeña impureza de nitrato de plata, apenas apreciable ni aun observándola con lupa, quedó en la nariz de la niña. Lo curioso fue que cuando ella vino acompañando a su madre a recoger aquel trabajo, una verruga le había aparecido justo en el lugar que en la imagen ocupaba la mancha.

         Tal cosa hubiera quedado en una mera anécdota si no llega a ocurrir un segundo incidente. Esta vez fue al hacer un retrato de la boda celebrada entre la hija de un conocido comerciante local y un ingeniero de caminos de la capital. Era costumbre en aquellos tiempos corregir a pincel determinados defectos para mejorar las fotografías. Como el padre de la novia y a la vez padrino tenía un ojo blanco fruto de un accidente de la infancia, se le dibujó un iris en el retrato grupal para el que posaron padres y novios. Semanas después, cuando el fotógrafo acudió como un cliente más a la tienda de paraguas del retocado, pudo comprobar, no sin asombro, que el iris ausente había reaparecido con total normalidad en su ojo.

  A partir de entonces, consciente del potencial que ese recién descubierto don le confería, el fotógrafo empezó a experimentar con los retratos que le encargaban, rectificando a su criterio cualquier defecto o fealdad que pudiera subsanarse. Así consiguió igualar la longitud de las piernas del único nieto varón del presidente del casino, que les había salido cojito; sustituyó la horrible nariz pico de loro que la mujer del boticario llevaba a cuestas por otra más chatilla y graciosa, e incluso llegó a devolver su pelo abundante a aquel amigo suyo que tan mal llevaba eso de quedarse calvo.

       Se sentía bien y afortunado ayudando a la gente a ser más felices desde su humilde laboratorio. Hasta que un día la ofuscación le hizo plantearse utilizar esta gracia como un arma maléfica contra su vecino, un bohemio pintor que ocupaba la buhardilla de su edificio. Había apreciado, con creciente desagrado, que este insolente muchacho venía, desde hacía algún tiempo, fijándose demasiado en su mujer cuando se cruzaban con él por la escalera. Es más, tales encuentros se producían con tanta frecuencia que llegó a pensar que aquel individuo estaba pendiente de cuando llegaban al portal para propiciarlos. Y lo peor era notar como su mujer, por más que ella misma lo negara, se dejaba halagar no sólo sonriéndole de manera muy sutil, sino también irguiendo levemente el torso para sacer busto y balanceando los hombros de manera casi imperceptible pero cierta, cada vez que se tropezaban con él. Decidió por tanto actuar antes de que fuera demasiado tarde. A tal efecto, no le fue difícil ganarse la confianza del joven confesándole su admiración por el arte pictórico, y apoyándose en la complicidad entre artistas, le pidió que posara para él ante su cámara.
 
    Conseguida la foto, decapitar al retratado y colocarle la cabeza cortada, en un macabro juego de saña gratuita, sujeta bajo el brazo izquierdo y con la oreja apoyada en el costado dando la impresión de estar escuchando los latidos imposibles del propio corazón, no fue tarea demasiado complicada. Y el efecto, inmediato, aunque muy distinto al esperado. El pintor perdió la cabeza. La perdió como suelen perderla los artistas de su condición, por una mujer. Concretamente por la mujer del fotógrafo. Y no sólo eso. Ella, harta de una vida conyugal en sepia, también sintió que algo desconocido e incontenible se le despertaba al descubrir todo el color de acuarelas y óleos que aquel amante llevaba en sus manos. Y lo demás ya fue otra historia. De los fugados nunca más se supo.  Tampoco del fotógrafo, aunque cuentan que, a los pocos días de desaparecer, alguien encontró una foto suya flotando en las aguas de un pozo cercano.


(Relato para "El Bic Naranja. Viernes Creativos" escrito a partir de la fotografía propuesta)



Princesa


De niña se creyó nacida para ser princesa Disney como la de los cuentos que le hacían soñar. Con el tiempo fue mitad Cenicienta de suburbio que nunca iría al baile y mitad Blancanieves sin enanitos ni bosques, pero con un par de hijos “ninis” y un marido que ni tampoco. Harta y dispuesta a cumplir su amenaza de coger la puerta y largarse con lo puesto, abrió el arcón de los congelados y se hizo un hueco dentro, aspirando al trono del lejano reino de los hielos, donde hibernan los que esperan tiempos mejores junto al mismísimo Walt Disney.



(Microrrelato finalista en el programa Wonderland de Radio Nacional de España)  (7/4/18)

http://blog.rtve.es/wonderland/2018/04/toda-conducta-conlleva-una-respuesta.html

Verde


A los dos les gustaba jugar. De hecho, se habían conocido jugando en la red y sin haberse visto nunca, se retaron. Aquella tarde debían buscarse en la línea uno del metro, transitando por estaciones o viajando en los trenes. Cuando creyeran haberse encontrado, intercambiarían una sonrisa a modo de contraseña. Sólo una pista, ambos llevarían una prenda verde bien visible. No resultó fácil en un trayecto tan concurrido, pero él, harto de dar vueltas y a punto de rendirse, consiguió verla por fin en el último tren que pensaba abordar. Tuvo la certeza de que era la chica que se besaba con aquel desconocido. ¡Qué curioso!. Ambos llevaban la misma bufanda. Verde.


(Relato para "El Bic Naranja. Viernes Creativos" escrito a partir de la fotografía propuesta)


Amor en cinco palabras

Si alguna vez pudieras mirarme a los ojos descubrirías muchas cosas que no me atrevo a decirte. Tú siempre ahí y yo siempre errante, convertido en un perenne buscador de excusas para volver a acercarme a ti. Un cliente más al que casi ignoras y del que ignoras todo, que inventa motivos para perderse carretera adelante sólo para verse obligado a regresar y encontrarse de nuevo contigo. Recibir tu saludo amable o dejarte mi despedida cortés pero llena de emoción, es ahora casi lo único que me importa. Dicen que hay distintos caminos por donde el amor es capaz de colarse en lo más profundo de cualquiera de nosotros. Puede entrar por el paisaje de un cuerpo, de un rosto o de unos ojos llenos de luz, por el olor a primavera que pide ser compartida o por el tacto hecho roce único, casual o intencionado, pero siempre vivido como caricia. También puede adentrarse por el timbre de una voz que se convierte en la música de tu vida. Y por escuchar tu voz vuelvo a acercarme a ti enamorado, casi nervioso, dispuesto, una vez más, a disfrutar nuestro momento compartido. Soñando con ser el héroe que algún día tendrá el valor de rescatarte, de sacarte de esa prisión en la que estás atrapada y desde la que, sin embargo, no dejas de regalarme tu sonrisa intuida y esas cinco palabras que anuncian, desde el interior del surtidor, el tipo de gasolina que he elegido.


(Relato publicado en la página "El Bic Naranja.: Viernes Creativos" )
(Foto Pixabay.com)

Dos hermanas

Siempre fueron dos hermanas muy unidas. Crecieron juntas siendo una la sombra de la otra.  Pero algo empezó a cambiar entre ellas cuando apareció aquel joven fotógrafo que las esperaba cada domingo apostado en la puerta de su estudio con una cámara de fuelle dispuesta para robarles una foto a su regreso de misa, lanzándoles un disparo como el que lanzaba un beso. Ellas, que quedaban siempre atrapadas en la placa mostrando su enfado por el intolerable atrevimiento, nunca dejaron de pasar por aquella calle ni cambiaron su ruta para esquivar el encuentro, quizás porque albergaban la inconfesada esperanza de llegar a discernir a cuál de las dos cortejaba. Sólo la que no fue atropellada por el tranvía en aquel trágico y extraño accidente llegó a averiguarlo.


(Relato para "El Bic Naranja.: Viernes Creativos" y escrito a partir de la foto propuesta).
Fotografía de Carl Størmer


Indefenso



Juré en su día desempeñar mi cometido con rectitud y honestidad. Ella en cambio no sólo ha ejercido el derecho a mentir que la ley otorga a los acusados, sino que ha desafiado a la verdad de esa manera perversa y refinada con la que siempre actúan las mujeres de su calaña. Las pruebas resultan inequívocas. Los hechos incuestionables. Ha quedado claro que fue ella. Que lo planeó minuciosamente. Que actuó con frialdad y carece de remordimientos.  Y yo sin embargo me siento tan indefenso ante su fascinante maldad que temo sucumbir mientras declaro, golpeando con la maza: “Visto para sentencia”


(Relato publicado en la página "El Bic Naranja.: Viernes Creativos" y escrito a partir de la foto propuesta).

Don Amadeo



D. Amadeo ama el circo y de niño soñó con ser uno de esos artistas que forman parte de tan grandioso espectáculo. Sólo una vez se atrevió a confesarlo en casa y nadie lo tomó en serio. Sus padres le tenían marcado otro futuro. Hoy, convertido en ilustre notario, lleva la vida que esperaban de él. Lo que nadie sabe es que algunas noches, mientras todos duermen, se pasea desafiante, con mallas de funambulista, por las cuerdas del tendedero de su elegante edificio.

(Este relato quedó finalista en el V Concurso de Microrrelatos de Realidad Ilusoria)

Regalo

A punto de entrar en casa, sorprendió a Papá Noel saliendo por una ventana cargado con su enorme saco. Aunque tenía entendido que era más tarde cuando aquel ser mágico empezaba su reparto de regalos, pensó que igual para los niños que como él no se reunían con nadie a cenar en Nochebuena, regía un horario diferente y  además este año, por primera vez, él estaba incluido en la lista de entregas.  Así que entró en casa buscando ilusionado por todos los rincones la bicicleta, el estuche de pinturas o la colección de cuentos con los que poder escapar a mundos fantásticos.  Pero por no encontrar, ni siquiera encontró a su madre allí donde siempre solía estar, tumbada en el sofá rodeada de colillas y botellas vacías. Tuvo que esperar al día siguiente, día de Navidad, para saber qué fue de ella. Apareció muerta en el río, dentro de un enorme saco rojo de esos que usa Papá Noel para cumplir los deseos de los niños.

Deseos

         Ella no esperaba demasiado de aquel viaje para singles y dado su carácter, tampoco encontró mucha afinidad con sus compañeros de grupo. Impar entre los impares, se preguntaba qué demonios hacía allí, en mitad del desierto, visitando unas ruinas bajo el implacable sol de agosto. Explorando a su aire aquel inhóspito lugar, un objeto que brillaba entre las piedras de un muro derrumbado llamó tanto su atención, que lo escondió en su mochila. Se trataba, como dedujo ya en el hotel, de una vieja lámpara de aceite y al frotarla para darle lustre dejó escapar de su interior  un genio maravilloso dispuesto a satisfacerla en tres deseos. Sorprendida primero y fascinada después por aquellos ojos portadores del misterio oriental de las mil y una noches, reconoció en aquel ser mágico al hombre de sus sueños y sólo le pidió una cosa: “Quiero pasar el resto de mi vida contigo”. Ahora comparte con él el espacio de su pequeño apartamento. Ella trabaja y él se ocupa de las tareas domésticas. Los sábados por las mañanas salen juntos a hacer la compra y los domingos suelen comer paella. Aunque les cuesta llegar a fin de mes, ella es tan feliz con su genio que no se ha atrevido a desear nada más.

(Publicado en estanochetecuento.com)